lunes, 14 de septiembre de 2015

EVANGELIO....


Diálogo introductorio con Jesús
Señor, Pienso mucho en la necesidad de ser paciente, sabes que no es algo que sólo dependa de mi voluntad, sino que necesito de tu acción poderosa, para que mi corazón sea capaz de vivir al ritmo del tuyo y así poder ir aceptando cada situación sin drama y con la conciencia de que siempre quieres para mí lo mejor. Te suplico que bendigas a todos los que amo y a los cuales, por distintas razones, he herido con mi comportamiento impaciente. Dame la posibilidad de no volverlo a hacer y de poder pedirle perdón a cada uno de ellos. Confío en tu poder y en tu misericordia que me van transformando. Amén
Evangelio del día: La Cruz no es un ornamento, es el gran misterio de amor
San Juan 3,13-17 (XXIV lunes tiempo ordinario): Así como Moisés levantó en alto la serpiente, también el Hijo del hombre debe ser levantado
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Del Santo Evangelio según San Juan 3,13-17
La exaltación del Hijo del hombre en lo alto: En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en Él tengan Vida eterna. Porque Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.Palabra del Señor
Reflexión del Papa Francisco
El Señor en el desierto ordena a Moisés que haga una serpiente y la ponga sobre un asta, y le dice que quien será mordido por las serpientes y la mirará permanecerá con vida. Pero ¿qué es la serpiente?, La serpiente es el signo del pecado, como ya vemos en el Libro del Génesis cuando la serpiente sedujo a Eva, proponiéndole el pecado. Y Dios manda que se eleve el pecado como bandera de victoria. Lo que no se comprende bien si no entendemos lo que Jesús nos dice en el Evangelio.
Jesús dice a los judíos: "Cuando habrán levantado al Hijo del hombre, sabrán que yo soy". Por lo tanto, en el desierto se levantó el pecado, pero es un pecado que busca la salvación, porque cura ahí. Quien es elevado ahora es el Hijo del hombre, el verdadero Salvador, Jesucristo.
[...] El cristianismo es una persona, una persona elevada, en la Cruz, una persona que se anonadó a sí misma para salvarnos; se ha hecho pecado. Y así como en el desierto fue elevado el pecado, aquí ha sido elevado Dios, hecho hombre y hecho pecado por nosotros. Y todos nuestros pecados estaban allí...
[...] No existe un cristianismo sin la Cruz y no existe una Cruz sin Jesucristo.
El corazón de la salvación de Dios es su Hijo, que tomó sobre sí todos nuestros pecados, nuestras soberbias, nuestras seguridades, nuestras vanidades, nuestras ganas de llegar a ser como Dios. Por esto, un cristiano que no sabe gloriarse en Cristo crucificado no ha entendido lo que significa ser cristiano.
Nuestras llagas, esas que deja el pecado en nosotros, sólo se curan con las llagas del Señor, con las llagas de Dios hecho hombre, humillado, aniquilado. “Y éste es el misterio de la Cruz.
La Cruz no es un ornamento que nosotros debemos poner siempre en las iglesias, sobre el altar, allí. No es un símbolo que nos distingue de los demás. La Cruz es el misterio, es el misterio del amor de Dios, que se humilla a sí mismo, se hace «nada», se hace pecado. ¿Dónde está tu pecado? "No lo sé, tengo tantos aquí". No, tu pecado está allí, en la Cruz. Ve a buscarlo ahí, en las llagas del Señor, tu pecado será curado, tus llagas serán curadas, tu pecado será perdonado. El perdón que nos da Dios no es cancelar una cuenta que tenemos con Él: el perdón que nos da Dios son las llagas de su Hijo en la Cruz, elevado sobre la Cruz. (Homilía en Santa Marta, 08 de abril de 2014)
Diálogo con Jesús
Amado Jesús, quizás nunca podamos llegar a comprender ese misterio de amor tan grande que nos tiene el Padre, quien entregó a su único Hijo a una muerte de cruz, para que toda la humanidad tuviese la oportunidad de compartir las glorias del cielo. Todos mis esfuerzos, mis proyectos, mis éxitos y fracasos, cobran sentido pleno cuando los miro a través de tu sacrificio de cruz. Quiero nacer de nuevo en Ti, en tu amor, restaurar mis fuerzas en tu Santa Cruz, contemplarte allí levantado para confesar con mis labios y el corazón que Tú eres mi Señor, mi Rey, mi Redentor. No puedo soñar con una vida sin cruz, debo llevarla con alegría, sabiendo que es el medio más eficaz que tengo para alcanzar tu reino y tu justicia. Con tu muerte en la cruz destruiste mi muerte, con tu resurrección me diste la vida. Quiero renunciar a mi vida de pecados y a rechazar todo aquellos que me invita a saborear los triunfos del mundo olvidándome que te has dejado crucificar por amor. Te amo, amo tu Santa Cruz, la que me define y me lleva por la auténtica senda de un cristianismo firme y puro. Amén
Propósito para hoy: 
Meditaré sobre mi vida de cristiano preguntándome: ¿quiero sobresalir elevando mi ego, o dejo que sea Cristo el que se eleve a través de mis acciones?
Reflexionemos juntos esta frase:
María, Madre Dolorosa, ayúdanos a descubrir la voluntad de Dios en los momentos de mayor sufrimiento (Papa Francisco)

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