Diálogo introductorio con Jesús
Padre Amado, gracias por todas las bendiciones que has regado sobre el camino que voy construyendo, gracias porque en cada paso que di encontré una maravillosa actuación de tu poder. Te confieso, Señor mío, que en algunos momentos me cerré a ver esas acciones maravillosas que estás haciendo para mí, pero en el fondo de mi corazón siempre he tenido claro que estás conmigo y no vas a permitir que nada malo me pase. Te agradezco el ánimo que me das y las fuerzas que pones en mi corazón para que pueda salir adelante, no permitas que mis miedos y flaquezas me hagan incapaz de continuar la lucha por ser cada día mejor. Te entrego mis preocupaciones y cargas de cada día, te suplico que sigas bendiciéndome para estar siempre fortalecido y dispuesto a continuar los retos que se me presentan. Gracias por todas tus bondades. Amén.
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Evangelio del día: Jesús salva, Jesús cura, Jesús sana. Es médico de almas
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San Lucas 4,38-44 (XXII miércoles tiempo ordinario): Jesús, imponiendo las manos sobre todos los enfermos, los curaba y expulsaba demonios
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Del Santo Evangelio según San Lucas 4,38-44
Jesús sana y expulsa demonios: "En aquel tiempo, cuando Jesús salió de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos. Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. De muchos salían demonios, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!" Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías. Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero él les dijo: "También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado". Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea" Palabra del Señor Reflexión del Papa Francisco Jesús, una vez entrado en la casa de Simón Pedro, ve que su suegra está en cama con la fiebre; inmediatamente le toma la mano, la cura y la hace levantar. Luego del ocaso, cuando terminado el sábado la gente puede salir y llevarle a los enfermos, sana a una multitud de personas afectadas por enfermedades de todo tipo: físicas, psíquicas y espirituales. Jesús, ha venido al mundo para anunciar y salvar a cada hombre y a todos los hombres muestra una particular predilección por aquellos que están heridos en el cuerpo y en el espíritu: los pobres, los pecadores, lo endemoniados, enfermos y marginados, revelándose médico de almas y cuerpo, buen Samaritano del hombre”. Es el verdadero Salvador: Jesús salva, Jesús cura, Jesús sana. Tal realidad de la curación de los enfermos por parte de Cristo nos invita a reflexionar sobre el sentido y el valor de la enfermedad. [...] Jesús, enviando en misión a sus discípulos, les confiere un doble mandato: anunciar el Evangelio de la salvación y curar a los enfermos (cfr. Mt 10,7-8). Fiel a esta enseñanza, la Iglesia siempre ha considerado la asistencia a los enfermos parte integrante de su misión. “Los pobres y los enfermos estarán siempre con ustedes”, enseña Jesús, (cfr. Mt 26,11) y la Iglesia continuamente los encuentra por su camino, considerando a las personas enfermas como un camino privilegiado para encontrar a Cristo, para acogerlo y para servirlo. Curar a un enfermo, acogerlo, servirlo, es servir a Cristo: el enfermo es la carne de Cristo. [...] Cada uno de nosotros está llamado a llevar la luz de la Palabra de Dios y la fuerza de la gracia a aquellos que sufren y a cuantos los asisten, familiares, médicos, enfermeros, para que el servicio al enfermo se cumpla cada vez con más humanidad, con dedicación generosa, con amor evangélico, con ternura. Recemos a María, “Salud de los enfermos”, para que toda persona en la enfermedad pueda experimentar, gracias a la atención de quien le está cerca, la potencia del amor de Dios y la consolación de su ternura materna. (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 08 de febrero de 2015) Diálogo con Jesús Mi Señor, muchas de las realidades de la vida dependen de la actitud con la que las enfrento. Quiero saber decidir sobre mis asuntos, hacer lo que más me conviene para la salvación de mi alma. Necesito que hoy me des la luz de tu Espíritu Santo para que sea Él quien me guíe para actuar de manera correcta. Quiero ser sanado por tu amor, levantarme enseguida, seguir luchando y ponerme al servicio de los más débiles. Tú me invitas a trabajar por tu reino. Ven Jesús, pon tu mano sobre mí, sana mi soberbia, mi egoísmo, mi indiferencia y haz que sigas tus pasos de manera fiel y comprometida con tu Palabra. No mantenerme en los errores de mi pasado, y por medio de tu luz recobro mis fuerzas para construir un mejor futuro para mí y los míos. Dame tu bendición siempre, contigo a mi lado estoy seguro de que todo saldrá bien. No hay enfermedad que se resista a tu Palabra, ni mal que pueda soportar el poder de tu inmenso amor. Amén Propósito para hoy: Ofreceré ayunar una comida del día por la conversión de un familiar que está muy renuente a Dios. Reflexionemos juntos esta frase: "Decir «creación» es más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de Dios" (Papa Francisco) | |||||||
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miércoles, 2 de septiembre de 2015
EVANGELIO----
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